En el Día de la Mujer

Gabriela, Una Insurrecta Permanente

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En este día especial en que conmemoramos el Día Nacional e Internacional de la Mujer, y se aprovecha de hacerle un tributo a la mujer en la persona de Gabriela, quisiera recordar y para poner término a mis palabras, lo que dijera el gran poeta nacional Gonzalo Rojas en una visita a Montegrande hace un tiempo atrás: "Gabriela es una eterna insurrecta, no ha muerto para nada, ya que los poetas jamás mueren, sino que quedan encantados".Por Rodrigo Iribarren, Director del Museo Gabriela Mistral de Vicuña

08/03/2014

Fuente: Museo Gabriela Mistral de Vicuña

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Hace un poco más de un siglo que la joven Lucila de María Godoy Alcayaga y su madre Petronila, procedentes del Valle de Elqui, se avecindaron en un sector de una amplia casona de la pequeña aldea de la Compañía Baja. Allí comenzaría su largo periplo docente que la llevaría por dos décadas a lo largo de Chile. Años más tarde recordaría con cierto dolor estos inicios "Quince años, cosa apenas formada, yema de persona y ya estaba yo mascando piedras para que mis gentes mascaran su pan".

Devorada quizá por el fuego interior que llevan consigo los poetas, comenzó a enviar sus contribuciones a los periódicos de Vicuña, La Serena y Ovalle. Un 8 de marzo, fecha en que se conmemora el día de la mujer, pero esta vez en 1906, aparece en el periódico La Voz de Elqui de Vicuña, su primer artículo referido al tema de la mujer y se titula "La Instrucción de la Mujer". En él se valora la trascendencia de la educación para el logro de su libertad. En uno de sus párrafos decía "Instrúyase a la mujer, no hay nada en ella que la haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre". Un mensaje muy claro y que sin duda causó escozor en una sociedad machista, conservadora, excluyente y presumida, como lo era el de la sociedad serenense de esos años, donde la mujer, como acontecía en casi todo Chile, estaba relegada a un discreto segundo plano y donde se concebía como lo normal que ésta debía aprender sólo "labores de mano y buenos modales".

Que una desconocida, una mujer, más aún, una mujer de origen humilde y que todavía no cumplía los 17 años, apareciera así, disputándole el espacio en los periódicos a poetas y seudo-poetas quienes habían dominado sin contrapeso por muchos años, levantó rencores y envidias. Fue así como un crítico literario que ocultaba su nombre bajo el seudónimo de Abel Madac, se ensañó con la novel escritora.

Pero la respuesta de Lucila no se hizo esperar. "Su crítica no me hiere ni siquiera me desalienta, y, me verá Ud. continuar impávida la ruta que comienzo, sonriendo ante las convulsiones y los silbidos de los reptiles miserables de la envidia...Jamás he pensado en entablar con Ud. una polémica, Ud. incapaz de luchar con el espíritu fuerte de los de su sexo, quizás soñaba con un triunfo obtenido sobre una mujer.... No quiero luchar con nada que se encubra, porque todo lo que hiere y se oculta es miserable y vil. El seudónimo puede revelar humildad en el escritor, en el crítico sólo revela cobardía."

Casi diez años después que apareciera este artículo sobre la "Instrucción de la Mujer", recién se crearían en las salitreras los "centros femeninos", que apoyados por los partidos vanguardistas aglutinarían a quienes comenzaban la lucha por la "emancipación femenina". La joven elquina resultaba así una precursora de estas ideas tan revolucionarias para la época.

En un artículo sobre educación popular en 1928 retoma la idea y expresa: "Las mujeres formamos un hemisferio humano. Toda ley, todo movimiento de libertad o de cultura, nos ha dejado por largo tiempo en la sombra. Siempre hemos llegado al festín del progreso, no como el invitado reacio que tarda en acudir, sino como el camarada vergonzante al que se le invita con atraso y al que luego se disimula en el banquete por necio rubor"...

En otra oportunidad y refiriéndose a la inquietud de los movimientos feministas que se habían creado ya les respondió: "la reforma que el feminismo debe clamar como la primera, es la igualdad de los salarios, desde la urbe hasta el último escondrijo cordillerano"...

Con respecto a sus ideas sobre el feminismo Gabriela acota:
"El feminismo campea en nuestra tierra desde hace años como una cosa racional. En las cercanías de mi casa había una gran finca, una hermosa granja, cubierta de viñedos al cuidado constante de siete solteronas cuya familia se completaba con un hermano único. También el hermano era el único ocioso de la familia. Las siete mujeres trabajaban para él y para las hijas que él les llevaba de tarde en tarde. Yo recuerdo de esas hermanas mujeres que cuando el turno de agua se daba a la media noche, pues el agua es muy escasa en el valle, estaban de doce a tres de la mañana, regando a la luz de una candela la viña con las faldas arremangadas.
Yo las veía después hacer la vendimia, cortar los árboles, atender en una palabra a todas las labores relacionadas con la agricultura. Con ésta visión constante, el trabajo de la mujer, y sobre todo el trabajo agrícola de la mujer me entró por los ojos y me convencí de que la mujer de mi tierra ha trabajado siemp..."

En otra oportunidad expresó: "Lo que falta todavía a la gran acreedora es que la peonada de una hacienda, cuando ella siega o cultiva, sienta bochorno de que le paguen a mitad de su salario; lo que no se entiende es que el legislador no sepa todavía que esa obrera suele trabajar para tres criaturas y que éstas suelen ser un marido ebrio o gandul y dos críos suyos".

Resulta paradojal que en el discurso de recepción del Nobel Gabriela se defina como "Una hija de la democracia Chilena", ya que por su condición de mujer aún no tenía derecho a voto para una elección de carácter presidencial; ese derecho lo obtendrían las mujeres sólo 4 años más tarde.

Es mi deseo que Gabriela les relate un hecho, que pareciera anecdótico, pero no lo es, ya que la refleja de cuerpo entero en su lucha permanente contra la injusticia y la discriminación, donde se pone a prueba su consecuencia. Transcurría 1907 y Lucila había sido aceptada, a su decir, como "alumna y secretaria" del Liceo de La Serena. La Directora del establecimiento la llamó y le dijo "Ha llegado el tiempo de hacer las matrículas, usted va a encargarse de esa labor. Aquí no entra ninguna china (las chinas son entre nosotros la gente del pueblo). Ud. sabe que aquí no debe entrar ninguna china a este colegio. Por lo mismo todas las aspirantes deberán tener tarjetas de recomendación otorgadas por los Miembros de la Junta de Vigilancia".

"A pesar de ser tímida (dice Gabriela), siempre he considerado primordialmente el concepto de la igualdad humana, que no me lo destruye ni un terremoto y por lo mismo a todas las aspirantes chinas que querían ingresar al Colegio se las mandaba a un pariente que era un miembro del Consejo de Vigilancia, para que él hiciera hincapié en su valimento de tal al recomendármelas a mí, al extremo de que cuando la Directora volvió al Colegio éste estaba lleno de chinas del pueblo".

Gabriela Mistral, no sólo fue una gran poeta, que tuvo los méritos literarios para obtener el Premio Nobel de Literatura en 1945, sino una extraordinaria mujer, la mejor socióloga que ha tenido el país según la visión del historiador Juan de Dios Vial; una verdadera "madre de la patria" según el decir de nuestro premio Nacional de Literatura Volodia Teitelboin, quien incluso ha llamado a realizar una campaña para "mistralizar" el país, es decir, llevar a la práctica sus ideales, sus enseñanzas, lo muchísimo que aún queda pendiente por hacer y que Gabriela nos ha legado como tarea.

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